lunes, enero 18, 2021

Amor

A unos días de cumplir 37 años, me pregunto: ¿Qué es el amor? quizás parezca una pregunta sencilla, pero es algo que ha llenado la mente de millones de personas que manifiestan mediante arte sus inquietudes, ¿Es amar el eyacular dos veces sin tener intervalo de descanso? 

Recuerdo mi yo casi adolescente experimentar las mieles del amor de una manera muy distinta. En aquél entonces sentía la sangre caliente cuando conocía a una chica, mi inexperiencia quería adentrarse en lo desconocido de tener una mujer a mi lado. Tenía esa sensación idealista de querer escribir las cosas más profundas, era como una obsesión, realmente no entendía el significado de la palabra.

Cuando por fin logré mi cometido, me sentí en estasis completo, sentía que cumplía con aquella frase estúpida que para mí significaba algo en ese momento: Encontrar la media naranja. Pasaron unos meses y conocí el dolor de haber amado de forma obsesiva. Ese dolor tenía un nombre: Diego. Recuerdo haber levantado el teléfono y la que en ese entonces era mi mujer dijo las siguientes palabras: Es que son ellos quienes me impulsan a estar con él. Desde luego en esa época tenía yo una autoestima muy baja para no entender lo que sucedía, simplemente me estaban remplazando como si fuese un calcetín viejo. Entendí que amar con esa vehemencia es sencillamente enfermizo.

El corazón roto es una nodriza de una caravana de malos pensamientos. Aunque el yo interior desgañitaba que el ego debe aflorar por encima de cualquier situación.

La resurrección del YO

Estoy absolutamente convencido que en esta vida un yo resucita varias veces. No se puede amar sin antes haber sentido dolor, esas cadenas son las que precisamente forman nuestro carácter. Mientras escribo esto acaricio mi barba, ya no tengo cabello en la cabeza pero si los suficientes agujeros de balas para comprender sobre mis distintos yo.

Ese día en el que esa mujer se apartó de mí, nació un nuevo yo. Al principio fue duro porque días después del divorcio absoluto tuve que ir a la Universidad, cometí el estúpido error de intentar ser yo mismo después de ese acontecimiento tan grande. En clases sentía como si hubiese una claraboya que dejara entrar una luz intensa que golpeara mi cabeza y me impidiese ver todo. Nunca antes sentí esa sensación, un dolor difícil de explicar. Sentía que podía caminar en tercera persona, y nada me gustaba, ni las conversaciones, ni los libros, apenas podía sostenerme. Cuando saboreaba cualquier comida todas tenían el mismo efímero sabor.

Pasaba días completos escuchando canciones, intentando rellenar mi corazón destrozado. Siempre fui orgulloso y nunca comenté esto con nadie, ni siquiera con mi familia. Aunque supongo que la tristeza de un hombre con el corazón roto se puede ver a kilómetros de distancia. En esa etapa comentaba siempre en tercera persona a otras personas sobre el amor. Mis frases siempre comenzaban con: "Es que tengo un compañero que", "Es que conozco a un amigo al que". Cargando con ese dolor inefable, que no admitía que yo era ese compañero.

Recibí varios consejos de gente que ahora no recuerdo y que conocí en sitios de Internet. Me decían: "Uno es quien decide cuanto dura el luto", otros decían: "Uno nunca se cura del dolor, se aprende a vivir con él". En ese entonces intenté salir con varias mujeres para recuperar mi yo perdido, pero fue una pésima idea. Lo único que logré fue despejarme un poco, viendo alguna película en el cine, conociendo algunos restaurantes, también intentaba ocultar momentos incomodos cuando recordaba en presencia de ellas, que maldita desfachatez era esa.

Cuando has amado de manera tan obsesiva, esos lugares en los que viviste, esos recuerdos, son una especie de tortura. Y cada vez que los revisitas sientes puñaladas.

¿Por qué menciono tantas cosas negativas sin hablar de la resurrección del yo? Porque son demasiados años los que deben pasar para entender la vida. Son esas pequeñas luces en el camino, las que logran volver a formar ese yo absoluto. Cuando se pone todo en perspectiva y se hacen las paces con el pasado. En ese momento se deja de odiar y se entiende, que vivimos en un mundo metafísico y que el problema estaba en mi cabeza. No era el entorno, no era ella, el problema era yo. A partir de allí empecé a entender que uno no es eterno, y que los momentos vividos son una especie de Álbum de fotografías que se pueden observar de vez en cuando porque también forman parte de uno.

Volví a brillar como el sol, como aquella hermosa canción de Pink Floyd. Y todo volvió a tener sentido, desde los alimentos, mi camino, mis pisadas. El tiempo sólo me dio la razón, y a veces en la soledad de mi cuarto respiro tranquilo, porque después me pasaron cosas peores, 2008 un año terrible en el que casi muero por problemas nerviosos. 2020 también tuve coronavirus se me hincharon las piernas, y no tengo ningún rencor con la vida, sólo agradezco el poder cavilar sobre estas cosas con una sonrisa en el rostro, agradezco un milisegundo más de vida.

Nuestra existencia es fútil por eso se debe cobijar cada recuerdo con mimo, porque al final es parte de lo que somos hoy en día, por más imbéciles que hayamos sido. Con orgullo puedo decir que volví a disfrutar los atardeceres con sus celajes y sus formas orbiculares. La absoluta comprensión de un instante.

Este texto esta dedicado a todos los que alguna vez pensaron vivir historias únicas e irreparables, y que vieron la luz después del túnel misma que relatan en las experiencias cercanas a la muerte.

martes, agosto 04, 2020

viernes, mayo 08, 2020

Un año de pena y dolor

Lo peor es que sobran las palabras.






¡Feliz 2020!

Un día entenderemos lo que significó realmente el 2020 para la humanidad.

miércoles, septiembre 04, 2019

Ya no soy ateo

Tumbado al borde de mi cama, empecé a cavilar sobre mi existencia, algo que con frecuencia suelo disfrutar, visualice cuan pequeños somos con relación a todo, y lo poco que sabemos de muchos temas, nadie sabe exactamente que hay después del final del universo, tenemos un radio observable de apenas unos 13 mil millones de años luz, todavía no sabemos que hay en el fondo de los océanos, y mucho menos los grandes misterios que se ocultan en el cerebro humano.

Entonces se apoderó de mi una fuerza indescriptible de lo que podría ser el sentimiento de terror o de curiosidad, es como si mi pez beta en la pecera de mi sala quisiera adentrarse a investigar con algún tipo de máquina lo que hay más allá del portón de mi casa, aunque tuviese inteligencia sería una misión muy loca y probablemente moriría en el proceso.

¿Qué sentido tiene este mundo si no hay observadores para apreciarlo? la respuesta es simple: ninguno.

Las leyes de la física rigen nuestro universo, pero entre más diminuto se vuelve todo, ya las leyes físicas no importan, y empiezan a funcionar las de la cuántica. ¿De dónde viene la energía que desprende cada humano?

La ciencia dice que somos un cerebro cargado de electricidad con conciencia, que al estar cerca de morir genera una alucinación en donde vemos un túnel y seres queridos. Pero a todo esto: ¿Qué tan real es la muerte? hay una teoría de los multiversos en donde se da la explicación a lo que podría acontecer al morir, y es misterioso que todo se parezca tanto al libro: Muchas vidas, muchos maestros de Brian Weiss.

 ¿Por qué ya no soy Ateo? porque la negación de algo también nos convierte en ignorantes como el pez de mi fabula. No puedo asegurar por el método científico que algo existe o no, porque somos tan efímeros que es casi imposible entenderlo.

Lo más irónico de todo es que ante la incógnita de lo que hay después de la muerte, todos lo sabremos y quizás más pronto, de lo que podemos imaginar.